En este programa número 50 de Alegría Libertaria, vamos a dar unas pinceladas sobre el anarcopacifismo.
Este programa es parte de la serie que estamos realizando sobre temas o corrientes del anarquismo: anarcosindicalismo, anarquismo a pie de calle, anarcofeminismo, ecología libertaria, culturas populares y ludismo.
En este programa número 39 de Alegría Literaria, traemos dos cuentos de Lev Nikoláievich Tolstói, conocido también como León Tolstói, en los que trata de plantear algunas cuestiones en torno a la propiedad desde una perspectiva anarquista cristiana y pacifista.
León Tolstói, con sus nietos Ilia y Sonia
Este novelista ruso nacido en 1828 en el seno de una familia aristocrática, está reconocido como uno de los escritores más importantes de la literatura mundial, principalmente por sus dos obras más famosas, Guerra y paz y Ana Karénina, consideradas como la cúspide del realismo ruso junto a obras de Dostoyevski.
En la década de 1870, Tolstói experimentó una profunda crisis moral, seguida de lo que consideraba un despertar espiritual igualmente profundo. Su interpretación literal de las enseñanzas éticas de Jesús, centrada en el Sermón del Monte, lo convirtió en un ferviente anarquista cristiano y pacifista.
Recibió múltiples nominaciones para el Premio Nobel de Literatura todos los años de 1902 a 1906 y nominaciones para el Premio Nobel de la Paz en 1901, 1902 y 1910; el hecho de que nunca ganó es una gran controversia del premio Nobel.
Sus planteamientos han tenido una gran influencia en el anarquismo, principalmente en sus corrientes pacifistas. En la relación epistolar con Gandhi, escribía:
“lo que denominamos la renuncia a toda oposición mediante la fuerza, simplemente implica la doctrina de la ley del amor no pervertida por sofismas… la ley del amor deja de ser válida si se defiende por la fuerza. Y una vez que la ley del amor queda invalidada, deja de existir dicha ley, para dar paso al derecho de la fuerza. La Cristiandad ha vivido en ese estado durante 1,900 años”.
León Tolstói a Gandhi (1910)
“Los gobiernos saben de dónde procede la mayor de sus amenazas, y permanecen en guardia y ojo avizor, no sólo para preservar sus intereses, sino también para proteger su propia existencia”.